Yo no creo en los psicólogos.

Cómo boicotear una terapia.

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Era una tarde después de almorzar, estábamos un grupo de amigas haciendo la sobremesa, dos de las cuales (psicoterapeutas), manteníamos un apasionante debate sobre las bondades de la psicoterapia des del punto de vista de cada una (ella psicoanalítica y yo estratégica) cuando una tercera amiga, entra en barrena y suelta la frasecita –Pues yo no creo en los psicólogos! (te quiero mucho Nieves). Todas rompimos a reír y las contertulianas psicoterapeutas nos miramos con complicidad: ya habíamos vivido esa mismita situación con anterioridad en otros contextos, con otras personas.

Si pensamos en la frasecita, podemos situarla en el top ten de las más pronunciadas después de: -no me estarás psicoanalizando…? (no querida, yo por eso cobro) y antes de: -quién estudia psicología es porque quiere solucionar sus propios problemas (quien esté libre de culpa que tire la primera piedra) … si por cada vez que he escuchado esas frases en la boca de amigos, pacientes incluso familiares, me hubieran dado un euro, estaría forrada, os lo aseguro. Pero de las tres afirmaciones, la de mi amiga Nieves durante la sobremesa es la que más entiendo y comparto, porque si no la tomas como una ofensa a la profesión o como un dardo envenenado al corazón, volviéndolo una cuestión personal, podemos llegar a pensar que la psicología es, en parte, un acto de fe, y me explico:

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La psicología es una disciplina en la que hay 400 maneras diferentes de tratar un trastorno, entonces, podemos pensar que creer o tener la voluntad de confiar en la persona que te trata es fundamental, ya que buscar una evidencia estadística basada en el método científico es como mínimo atrevido. Para generar un cambio en un contexto terapéutico, hace falta que la persona que se enfrenta al proceso, tenga confianza en el que va a guiar creando nuevas perspectivas o escenarios para generar y mantener ese cambio. Por eso, cuando alguien en primera sesión, me confronta con una actitud provocativa en la primera frase con esa afirmación, le respondo con tono amable, mirada directa y sonrisa cómplice: -Gracias a Dios que no crees en la psicología o en los psicólogos, así en el caso que haya alguna mejora, podremos atribuirla únicamente a tus propios méritos. Con esta comunicación iniciamos la terapia con la corresponsabilización del paciente en el proceso desde el minuto cero.

Tener pacientes escépticos y críticos es un regalo para un psicoterapeuta estratégico.

La psicoterapia no cambia a nadie, las personas se cambian a si mismas. Uno crea circumstancias en las cuales el individuo puede responder con espontaneidad y cambiar y eso es todo lo que uno hace. El resto se lo pedimos a ellos.
— M. Erickson

Una de las claves del éxito se basa en acertar con el psicoterapeuta, y para obtener una confirmación a la premisa de no creo en los psicólogos hace falta esforzarse en conseguir el fracaso teniendo en cuenta algunas ideas que, bajo mi punto de vista, pueden arruinar cualquier terapia.

Sin más dilación, procedo a anotar las siete premisas imprescindibles para boicotear una terapia psicológica (seguramente hay algunas más que se me han pasado por alto).

1.- Si te empecinas en confirmar que los psicólogos y la psicología no tienen ninguna validez, no lo pienses más y empieza un proceso terapéutico. En el cásting del psicoterapeuta, asegúrate de escoger a uno que se exprese en términos teóricos. Cuánto menos le entiendas, mejor. Un terapeuta que habla el lenguaje del paciente, usa metáforas, analogías o cuenta historias para conectar con el paciente, no puede ser un buen profesional. Debes encontrar a alguien que se comunique a nivel terapeuta super-pro. Elige a uno de ésos que no se moja cuando llueve, divino!

2.- Los terapeutas que proponen terapias farmacológicas no acompañadas de seguimiento terapéutico son otro candidato a formar parte de los “buenos”. Los fármacos actúan de manera puntual y temporal sobre el substrato psicofisiológico modificando las sensaciones y bajo mi punto de vista dificultando la elaboración de las emociones. Solo una terapia psicológica genera cambios en la estructura cerebral de manera permanente. Los psicofármacos por si solos no ayudan a generar y mantener el bienestar.

3.-Trabajar sin ningún objetivo terapéutico garantiza no tener motivos para finalizar la terapia. No hay buen viento para el barco que no sabe a que puerto se dirige. Si sabemos hacia dónde vamos incluso los peores vientos pueden ser utilizados en nuestro beneficio. Así pues es importante no plantearse que es lo que debería pasar para dar la terapia por finalizada.

4.- Selecciona un profesional que promueva el hablar más que el hacer. Tener una caja de herramientas que ayude a gestionar el cambio seria de ayuda, pero quizás también sería pedir demasiado.

5.-Encuentra un terapeuta que se centre exclusivamente en escudriñar hasta conseguir una información referida al porqué del problema. Centrarnos en la causa nos ayudara a entender cosas pero no a saber cómo se está articulando la dificultad y por lo tanto no será importante saber cómo se forma y mantiene el problema, ya que se centrará más en la causa que en el cómo está pasando.

6.-No te despistes, si quieres conseguir tener una buena dosis de realidad i seguir confirmando la creencia que los psicólogos no somos dignos de confianza, asegúrate que te planten un diagnóstico clínico del DSM en primera sesión, sin tener en cuenta que tú eres el verdadero experto en tu problema. Tener una etiqueta te ayudará a comportarte de la manera adecuada y en el mejor de los casos a generar el problema.

7.- Es muy importante menos tener la formación del profesional, actualmente hacen de psicoterapeutas profesionales de múltiples disciplinas. Más allá de la formación de base, tampoco es muy importante que se siga una formación continua o que se haga supervisión clínica de casos. Niégate en redondo a que tu terapeuta supervise tu caso con sus maestros y por nada del mundo le pidas la titulación, su número de colegiado o su acreditación de psicólogo sanitario.