#selfiesapiens


El selfie es el último producto de una sociedad obsesionada por la belleza y la perfección.

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Cuando la apariencia es la única manera de mostrarse al mundo, la imagen personal se convierte en dependencia.
Cada retoque digital, confirma un defecto.

¿Quién no ha pensado alguna vez cambiar alguna cosa de su aspecto físico? ¿Cuántos de vosotros no habéis posteado nunca una auto-foto o selfie?

La atención al propio aspecto y a mostrarse de la mejor manera, es algo natural y sano siempre y cuando no se convierta en una obsesión enfermiza.

“No hay nada más profundo que lo que podemos apreciar a simple vista”.
— Hegel

Lo que vemos del aspecto del otro, nos cuenta mucho de la persona que tenemos delante, así que, atender a cómo nos presentamos y a lo que los otros perciben de nuestra imagen, es un aspecto que tienen muy en cuenta los que pretenden comunicar de manera más eficaz.

Mejorar el físico y evitar el paso de los años, se ha vuelto una dictadura en un tiempo en dónde la belleza y la perfección, se han convertido una obsesión enfermiza. El over-exercise, las dietas compulsivas y las operaciones de estética son las máquinas de ésta obsesión y los dictámenes comerciales la energía que las impulsa, una energía que jamás se agota, ya que se retroalimenta continuamente. Os cuento cómo funciona:

Éste mecanismo se observa en la cirugía, en dónde cada intervención correctiva demanda otro retoque, activando una espiral de insatisfacción que lleva de una operación a otra hasta llegar a extremos como el de Michael Jackson.

Observamos el mismo mecanismo obsesivo en los comportamientos de adicción a las dietas y al ejercicio, ambos también mercados del negocio de la imagen. Intentar controlar la dieta y el ejercicio, significa pasar por períodos en dónde se tiene sensación de pérdida de control, así pues hay épocas de dietas estrictas y ejercicio, y períodos en dónde se deja de hacer ejercicio y se empieza a comer sin restricciones. Romper esa rigidez, es bloquear ese círculo vicioso que hace mantener el problema y que impide tener un peso estable, unos hábitos de alimentación saludables y una vida donde el placer por comer y por moverse tiene lugar, significa reestablecer ese equilibrio.

Somos más que un cuerpo, pero cuando el físico se vuelve una preocupación que elimina el resto, el problema está servido. Hace falta pués discriminar entre lo que es un cuidado sano del aspecto y lo que puede ser una obsesión patológica hacia éste.

Una terapia efectiva, debe dar herramientas específicas para salir del problema y amplificar los intereses de la persona.

Os dejo un vídeo corto subtitulado, con una intervención del profesor y terapeuta Giorgio Nardone en un caso de dismorfofobia.

Intervención de Giorgio Nardone.


“Le nuove dipendenze” Portelli y Papantuono.