Terapia infantil.

Si lo que te preocupa son tus hijos, te doy pautas para solucionar el problema.

  foto de @jasonrosewell

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Cuando el paciente es un niño o una niña, la modalidad de intervención desde el modelo estratégico es un poco original.

Como nuestro objetivo es provocar cambios profundos y duraderos en tiempo breve, trabajamos con los progenitores o tutores de los niños, que se convierten en verdaderos co-terapeutas en el proceso.

Trabajar directamente con los adultos nos da muchas ventajas:

1.- Damos pautas a los adultos para tratar de solventar el problema, empoderando a quien tiene que gestionar la relación de manera directa.

2.- Alejamos a los niños de diagnósticos que lo que producen en muchos casos es generar la patologización o  el caso, produciendo un efecto sobre sus pensamientos, su conducta y las relaciones que establecen consigo mismos y con el resto de iguales y de adultos, lo que comúnmente se conoce como el efecto Pigmalión: uno se comporta como piensa que los otros se esperan que se comporte.

3.-Los padres o tutores conocen a los niños mejor que nadie, nos cuentan lo que está pasando y pueden intervenir en un contexto natural, no en una consulta como se daría con un psicólogo.

  foto de @cristina-gottardi

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4.- Los niños llegan a consulta muy asustados; no conocen al terapeuta y cuesta varias sesiones establecer un vínculo para que se abran y compartan utilizando dibujitos, juegos, test... Valoramos en una primera sesión con los papás si hace falta preparar una visita, si será mejor verlos a solas o con ellos presentes, etc... Como sabemos que conseguimos los avances con poca intervención, no lo intentamos con más recursos de los necesarios.

Este enfoque estratégico llamado terapia indirecta, tiene muy buenos resultados terapéuticos.