Lo hago sólo por ti.

El problema de los que nunca tienen un “no” por respuesta.


Tener cerca una persona de estas tan solícitas que siempre están dispuestas a complacer a todo el mundo puede llegar a ser desesperante. Son personas a las que les cuesta poner límites porque sienten temor a decepcionar al otro o a no estar a la altura, y la mayoría de veces se dan más de lo sienten que deberían, sacrificándose continuamente por los demás.


Photo by  a befendo  on  Unsplash

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Cuando alguien se sacrifica, siempre deja en deuda al otro, así se empiezan a generar relaciones poco saludables en las que uno espera ser compensado por lo que ha hecho, poniendo expectativas en el comportamiento del otro. La persona que recibe, a veces sin haberlo pedido, se encuentra en deuda con el que se ha sacrificado. ¿Os suena la secuencia?, Seguramente en alguna ocasión os  habéis encontrado con una situación al menos similar.


No son los tiranos los que crean los oprimidos, sino al revés.

Maturana.
— MM

Si haces algo por otro esperando algo a cambio, estás generando una expectativa que la mayoría de veces no se cumple de la manera en que la has pensado. Es entonces cuando nace la frustración y se siente la tristeza y la rabia, expresándose en frases como: -nunca me tienes en cuenta, -yo no soy considerado, -me he cansado de esforzarme tanto por ti, -me gustaría que alguien me hiciera caso, -todos pasan de mí, -siempre soy el último, -nadie se preocupa por mi, etc… volviéndose una víctima de sus propias expectativas, una persona desilusionada de los demás y de sí misma.

El conflicto está servido, ya que además éste comportamiento obliga al otro a sentirse inferior, ya que necesita de un “generoso” altruista.


¿Te reconoces como alguien que le cuesta decir que no?¿Te gustaría cambiarlo? Te doy un par de pistas:

Aprender a ponerse límites a uno mismo, es una cuestión clave en éste asunto, porque si uno se pone en la posición de víctima, convierte directamente al otro en verdugo. La clave es decidir qué es lo que estamos dispuestos a hacer porque nos nace y nos apetece, ni más ni menos, sin reclamar el reconocimiento ni la gratificación por lo que hemos hecho.


Si quieres ver, aprende a obrar.
Heinz von Foerster
— MM

Si empiezas a dejar de sacrificarte hay una frase que deberás dejar de decir: -lo hago sólo por ti!. Así mismo deberás aprender a poner límites y para esto necesitas poner en práctica decir que no. Como se trata de algo que genera dificultad, elige bien la situación y la persona para poder correr un pequeño riesgo y entrénate negándote a sus demandas diciendo: - me encantaría pero no puedo. Dime cómo te va con esto.

Maribel de Maya.

Psicóloga general sanitaria col. núm. 21.754.

Psicoterapeuta oficial del Centro de Terapia Estratégica


“Corrígeme si me equivoco” G. Nardone. Ed. Herder.